El despertar de Ana

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Ana se despertó de la siesta con mucha sed, sobresaltada por el ruído de los niños que jugaban en la piscina comunitaria. Abrió un poco las cortinas para que la habitación quedara en suave penumbra.

Hacía aún calor y quiso seguir descalza.

Pesada por el sueño entró en la cocina. Abrió la nevera y no se resistió a tomarla entre sus manos. Aquella Coca-cola Zero le supo a gloria. Sus burbujas la refrescaron, y el placer se reflejó en sus ojos para bajar luego por su garganta y sentir un cosquilleo por todo su cuerpo. “Ayyy”, suspiró aliviada. Volvió a beber. Respiró de nuevo.

Aquella chispa la hizo sentir viva, en su propio carnaval corporal.

Abrumada por aquella fiesta visceral, se tumbó en el sofá verde pistacho del salón y cogió el libro. Continúo por la página 409. Sorprendida por su propia risa, leyó: “El hombre que hace todo por ser feliz dependiendo de si mismo, y no de los demás, ha adoptado la mejor estrategia para ser feliz. (Platón, filósofo de la antigua Grecia)”.

Suspiró y supo que no, que no era una tarde cualquiera

“Si deseas que tus sueños se hagan realidad, ¡despierta! – Ambrose Bierce.

¿De qué se dio cuenta Ana aquella tarde?

Después de mucho tiempo de inquietud, de ensoñar sobre su futuro, Ana tomó consciencia de que:

  • Los sueños, sueños son. De que puede ser divertido jugar con ellos pero que si no se despertaba y ponía en marcha difícilmente podrían hacerse realidad.
  • Necesitaba de una visión. Dicho de otra forma, para transformar su sueño en visión era necesario que tomase acción.
  • Al declarar esa necesidad estaba dando el primer paso que la hacía capaz para generar algo nuevo, de crear nuevas realidades. La suya.
  • El compromiso con su visión era el triunfo de la coherencia puesto que hacía aquello que pensaba y decía que quería conseguir.
  • Al comprometerse, estaba haciendo una elección libre y voluntaria por lo que dejaba a un lado la obligación que había sentido en otras ocasiones.
  • Al elegir tomar acción, dejaba de dar vueltas, y se centraba en la concreción y puesta en marcha de las acciones necesarias para caminar hacia el punto que señalaba su visión. La decisión era firme.
  • Los sueños no le reportaban por sí beneficio alguno, mientras que la visión clara le proporcionaba fuerza e impulso para acercarse a sus metas.
  • Podía ser que el camino no fuera en línea recta, pero merecía la pena despertar y ponerse manos a la obra.
  • Este descubrimiento le producía cosquillas en el estómago, como las burbujas de la Coca-Cola. Se había reencontrado con la ilusión.

Crear y vivir nuestra visión es una excelente oportunidad para crecer y seguir aprendiendo, o en palabras de Vernon Howard: “Camina siempre por la vida como si tuvieras algo nuevo que aprender y lo harás“.


 

Y tú, ¿sigues durmiendo o has puesto ya el despertador?  ¿Sueñas o creas tu realidad?

6 thoughts on “El despertar de Ana

    1. Muchas gracias, Regina, por tu comentario. Despertar del sueño para ponerse en acción y alcanzar las metas que cada uno de nosotros se propone. Un abrazo

  1. Sueña realidades y obtendrás muchas realidades deseadas… El día que encuentres tu propósito en la vida, sabrás que TODO ES POSIBLE!

    1. Muchas gracias, Teresa, por tu comentario. El para qué, motor para tomar en acción y alcanzar metas. Un abrazo.

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